Mientras los siete años de diálogo comercial multilateral llegaban a un nuevo clímax el día martes, China comenzó a dar señales de su emergencia como jugador fundamental en el sistema internacional, al mismo tiempo que recibió duras críticas por parte de Estados Unidos y otras potencias por sus tácticas.
Nadie debería verse sorprendido al analizar las arriesgadas jugadas del Ministro de Comercio de China, Chen Deming. En 2004, Chen estudió en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard, y ha confesado haber aprendido sus habilidades de negociación en Estados Unidos.
Hasta ayer, en medio de la segunda semana de diálogo comercial en Ginebra y antes del colapso de las conversaciones, China peleaba para conseguir concesiones de último momento. Entre ellas, el derecho de blindar algunos productos agrícolas sensible para China y el retraso por algunos años de los recortes tarifarios chinos.
"Estamos presenciando la emergencia de un nuevo polo”, dijo Joe Guinan, experto comercial del German Marshall Fund. Para Guinan, China finalmente ha comenzado a hacerse sentir en la Organización Mundial de Comercio (OMC). “Han comenzado a demostrar su enorme peso, y esto es un vistazo al futuro”, subrayó. El desarrollo chino “se viene dando hace mucho tiempo, y no se desvanecerá”, concluyó el especialista.
El lunes, en Ginebra, Washington acusó a China e India de hacer peligrar a la Ronda Doha como nunca había peligrado en sus casi siete años de vida. India fue criticada por rechazar el paquete de propuestas de Pascal Lamy, Director General de la OMC, y China fue apuntada por dar marcha atrás sobre algunas cláusulas que la semana pasada había aprobado. "Estamos muy preocupados por la dirección que algunos países están tomando”, advirtió la Representante de Comercio de Estados Unidos. “Me preocupa seriamente que esto ponga en peligro el resultado de la Ronda”, agregó.
Un día después, llegaría la noticia de que la Ronda Doha efectivamente había colapsado.
Las críticas que recibió China fueron rechazadas de lleno por el Embajador de Beijing en la OMC, Sun Zhenyu, quien dijo que su país había hecho “grandes esfuerzos para contribuir al éxito de la Ronda”.
Dentro de la sala de negociaciones, Chen es visto como un político pragmático y razonable, cuyo estilo es duro, directo y relativamente carente de retórica alguna. Durante una cena con el Comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, Chen describió una vez cómo él, hijo de intelectuales, fue desterrado al campo durante la Revolución Cultural. Comenzó a trabajar con un tractor y, con el tiempo, organizó el trabajo de todos los tractores del lugar para después asumir el rol de líder de su pequeño pueblo y luego de su región.
En este sentido, su ascenso desde orígenes humildes es un espejo del ascenso chino dentro de la OMC y en el sistema internacional. Beijing se anexó a la entidad multilateral en diciembre de 2001 y desde entonces ha mantenido un bajo perfil. En marzo de 2007, China contaba con 5 oficiales en los cuerpos burocráticos de la OMC, frente a los 29 de Estados Unidos y los 178 de Francia.
Sin embargo, eso parece estar cambiando. La semana pasada, Lamy invitó a China a unirse a un nuevo grupo de naciones industrializadas (G7), cuyos otros miembros son Estados Unidos, la Unión Europea (UE), India, Brasil, Australia y Japón. No hace mucho tiempo, las conversaciones comerciales multilaterales eran comandadas sólo por Estados Unidos, la UE, Canadá y Japón. Fue este nuevo G7 el que ayudó a erigir un nuevo borrador del acuerdo que ganó un apoyo importante –pero no unánime- al finalizar la jornada del viernes.
Pese al fracaso en que al fin de cuentas derivó Doha, las discusiones de Ginebra confirmaron que la balanza de poder en el comercio global ha sufrido un desequilibrio indiscutible con el ascenso de China. Si se echa un vistazo a la enorme población china y a su creciente clase media, no sorprende que incluso una pequeña apertura en el mercado chino de bienes y servicios ofrecería a los exportadores estadounidenses y europeos grandes recompensas.
Pero por otro lado, el desempeño ultracompetitivo de las exportaciones de Beijing es la razón principal por la que otras economías emergentes como Brasil e India se resisten a abrir sus mercados. Esta es la causa primordial por la que China ha fracasado en su intento de actuar como líder del conjunto de naciones del mundo en desarrollo, como algunos habían previsto. "Mucha de la reticencia que hemos visto en Brasil y Argentina en materia de NAMA (Acceso a los Mercados No Agrícolas, por sus siglas en inglés) no se explica por el temor a Estados Unidos o Europa, sino por el temor de ser inundados por China”, explicó Guinan.
Otra de las razones por las que el rol de China es ambivalente es que posee una gran cantidad de población rural pobre. Lu Xiankun, asesor y jefe de división de la misión china, asegura que hay cientos de millones de agricultores en China que ganan alrededor de 2 dólares por día. Según el funcionario, a eso se deben los esfuerzos chinos por blindar el sector algodonero, azucarero y arrocero de la competencia extranjera.