Alrededor de 600 científicos, investigadores y agricultores, invitados por la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), examinarán durante cuatro días en Viena las maneras de mejorar, mediante las radiaciones, los cultivos de productos alimenticios.
La Conferencia internacional sobre la mutación inducida radiación de plantas se inauguró ayer en la sede de la AIEA en la capital austríaca.
La mutación inducida de plantas es una técnica lanzada hace 80 años que utiliza la radiación para reorganizar la composición genética de las plantas con enfermedades o aumentar su rendimiento. Este tipo de mutaciones también permiten adaptar ciertas plantas al cambio climático.
Sin embargo, las mutaciones inducidas no resolverán la crisis alimentaria mundial, subrayó Pierre Lagoda, responsable del departamento genético y de desarrollo de las plantas de la AIEA. "Es otra herramienta más, como los OGM (organismos genéticamente modificados)", explicó.
La AIEA ha recogido en un banco de datos, junto con la organización de Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura (FAO), informaciones sobre unas 3.000 mutaciones diferentes de más de 170 plantas incluyendo cereales, chauchas, habas, plantas oleaginosas y tubérculos cultivados en 60 países.
A diferencia de la tecnología OGM, muy criticada en Europa, la mutación inducida no introduce materia genéticamente modificada ajena a la planta. Lo único que hace es reorganizar su identidad genética para mejorar por ejemplo su rendimiento, su sabor, su tamaño o su resistencia a virus o parásitos, según confió Lagoda. También agregó que la técnica en cuestión no deja radiación residual en la planta.
"Las mutaciones espontáneas son el motor de la evolución", subrayó. De manera que lo que naturalmente podría tardar millones de años en encontrar la mutación adecuada, "nosotros nos concentramos en el tiempo y en el espacio para que los agricultores puedan realizar la experiencia en una generación", indicó.
El Director General adjunto de la AIEA, Werner Burkart, no dudó en citar varios ejemplos de éxito en el mundo como el de ciertas variantes de cebada obtenidas por mutación que crecen en los andes peruanos a altitudes de hasta 5.000 metros y cuyo rendimiento aumentó un 52% entre 1978 y 2002.
En Kenia, a través de esta técnica se ha desarrollado una variante de trigo resistente a la sequía. En Vietnam, los expertos han conseguido modificar de esta manera varias especies de arroz para que puedan adaptarse a las altas tasas de salinidad en el delta del Mekong.
Mientras que la población es cada vez más consciente de que el cambio climático, la crisis alimentaria y el debate sobre las fuentes energéticas se han traducido en problemas cotidianos como el aumento del precio del combustible, de los productos alimenticios y de la alimentación animal, la mutación inducida "es una tecnología inofensiva capaz de responder a los desafíos a los que se enfrenta hoy la agricultura", destacó Burkart.