Los países ricos recibieron inesperadas críticas en el marco de la cumbre alimentaria de Naciones Unidas por sus subsidios a los biocombustibles y sus objetivos de producción, que minan la inversión en desarrollo agrícola, sobre todo en Estados Unidos y la Unión Europea (UE).
Jacques Diouf, Director General de la FAO, dijo a los mandatarios reunidos en Roma que “nadie” entiende por qué los cereales se han desviado desde el consumo humano hacia “la satisfacción de un tercio del combustible para vehículos”. En un inesperado ataque a las políticas de los países occidentales, el senegalés Diouf agregó que “nadie entiende” por qué los países ricos “han distorsionado los mercados internacionales con subsidios agrícolas por 272.000 millones de dólares”. Según el senegalés, “el problema de la inseguridad alimentaria es puramente político”.
Los delegados y algunos oficiales de la FAO se vieron sorprendidos por sus declaraciones, que dieron el puntapié inicial a tres días de discusiones que apuntan a frenar la avanzada inflacionaria de los alimentos. El costo de los commodities agrícolas se ha duplicado desde 2005.
El Presidente de Egipto, Hosni Mubarak, se sumó a Diouf y afirmó que es indispensable un “código de conducta para frenar la expansión” de los biocarburantes.
Ban Ki-moon, Secretario general de la ONU, adoptó una política más conciliatoria, alegando que el mundo necesitaba alcanzar “un mayor nivel de consenso en materia de biocombustibles”. Así, estuvo lejos de condenar a los biocarburantes. En cambio apuntó sus críticas a aquellos países en desarrollo que impusieron trabas a la exportación de alimentos, como India, Egipto y Argentina, a quienes pidió que levanten sus restricciones o por lo menos las relajen. Los países que han limitado sus envíos “distorsionan el mercado y fuerzan al alza a los precios”, explicó Ban. “Llamo a las naciones a resistirse a esas medidas y erradicarlas inmediatamente”, agregó.
Diplomáticos dijeron que los biocombustibles y las restricciones comerciales eran los temas en los que se presentaban mayores divisiones, y que por lo tanto ameritan un acuerdo antes de que mañana finalice el cónclave. Los oficiales pronostican un año de extensas discusiones sobre biocombustibles y otra cumbre al respecto el año próximo.
Luiz Inácio Lula da Silva, Presidente de Brasil, salió al cruce de las críticas a los biocombustibles, indicando que algunos quieren crear “una cortina de humo para culpar al etanol de la inflación alimentaria”. El nexo entre los biocarburantes y los precios de los alimentos “carece de estabilidad”. “El incremento de los precios alimenticios no tiene una única explicación. Es la conjunción de los crecientes precios del petróleo y los fertilizantes, el cambio climático, la especulación, el mayor consumo de China, India y Brasil, y las absurdas políticas proteccionistas de los países ricos”, dijo Lula.
“Muchos de los dedos que apuntan contra la energía limpia de los biocarburantes están sucios de aceite y carbón”, arremetió el brasileño, y señaló que los biocombustibles “pueden ser un instrumento importante para generar ingresos y retirar a países de la inseguridad alimentaria y energética”. Según él, la crisis mundial de alimentos es “una crisis de distribución”.
Los líderes europeos, incluyendo al Presidente francés Nicolas Sarkozy, reconocieron el rol de los biocombustibles en la espiral inflacionaria pero no dejaron entrever que modificarán su política de apoyo a los biocarburantes.