Por Diego M. Silber
Para Arturo José Navarro, actual consultor agropecuario que fuera Presidente de Confederaciones Rurales (CRA) hasta 1993, el futuro del campo argentino es más alentador por el escenario global que por las decisiones políticas y económicas internas del Gobierno de Néstor Kirchner. Además, considera que será el propio sector agropecuario el que volverá a salvar las cuentas fiscales del país ante una posible nueva crisis, tal como lo hiciera en 2001 y 2002.
Alguna vez asesor de Recrear, el partido político que impulsa la candidatura presidencial del opositor Ricardo López Murphy (espacio al que Navarro renunció en 2005, con carta pública y enojos políticos incluidos), el especialista dijo en una entrevista con ADNMundo que la estrategia exportadora del país sudamericano es “una gran mentira”, por estar basada en dólar alto, retenciones a las exportaciones y controles de precios.
Además, considera que Cristina Fernández de Kirchner seguramente resultará ganadora en las elecciones presidenciales del 28 de octubre próximo, se mostró convencido de que la economía argentina va hacia un “sinceramiento” y atacó duramente al Ministro de Economía Miguel Peirano y al Secretario General de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano.
Pero también hubo balas para la propia dirigencia agropecuaria que, en su opinión, no aporta propuestas para que el Gobierno cambie su rumbo.
ADNMundo: Durante la semana publicó una opinión en el diario Ámbito Financiero en la que reclama que la dirigencia agropecuaria debe proponer soluciones en vez de reclamarle al Gobierno.
Arturo Navarro: La dirigencia está pidiendo a los candidatos cuál es la propuesta de cada uno de ellos para el sector agropecuario. Desde mi punto de vista, la propia dirigencia agropecuaria tendría que decirle al Gobierno cuál es la propuesta que ella cree necesaria para aumentar la producción y la exportación y para dar más mano de obra en este gran complejo agroindustrial, en el que tiene que tener protagonismo principal el interior del país.
El campo es la única industria que a veces no tiene humo, no tiene chimenea, pero que está ubicada en cada pueblo del interior. Hay zonas estratégicas para todo: biocombustibles, harinas, granos, cerdo, pollo, vacuno. Me parece que hay mucho para caminar.
Por lo tanto, el argumento de ese artículo que firmé está vinculado a la situación que se vive en algunas Provincias por el tema sequías e inundaciones. Todavía la dirigencia cree que con la Ley de Emergencia van a poder atender esos fenómenos.
En mi vida de dirigente agropecuario, nunca asistí a una reunión de emergencias. Era perder el tiempo. Creo que hoy los dirigentes tienen la responsabilidad y la obligación de plantear una política de Estado para cubrir el riesgo climático.
ADN: ¿Le parece que toda la dirigencia tiene esa actitud o que hay distintos tipos de entidades o dirigentes? Hace unos meses Carbap presentó un proyecto para el sector ganadero, pero su Presidente Pedro Apaolaza le dijo a ADNMundo que todavía están esperando la respuesta…
AN: Creo que hay dirigentes o entidades, que no voy a nombrar porque no corresponde pero que son la mayoría, que están, como decimos en el campo, “con el caballo atrás del carro”: en vez de empujar hacia delante están frenando las capacidades que tiene el país de crecer y desarrollarse.
En el tema carnes, ninguno está planteando que se abra dicho mercado, que hay que integrar. Hay que abrirlo a Estados Unidos, al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), a los que tienen gran capacidad de poder adquisitivo, como lo hizo Uruguay.
No se puede seguir comiendo 65 o 67 kilos de carne vacuna por año por habitante. Si redujéramos el consumo nuestro a 40 kilos, como tiene Estados Unidos, o Uruguay, que tiene un poco menos todavía, serían entre 25 y 27 kilos menos por habitante que conformarían un millón de toneladas que se podrían exportar. Yo no digo que los argentinos no coman más carne, sino que creo que esos 25 kilos se deberían reemplazar por carnes de cerdo y de pollo, que también es proteína.
Lo que necesita este país es que se piense en los que no tienen acceso al consumo de carne. Se dice que un 15% de los habitantes de Argentina no comen carne, mientras que tenemos precios “planchados” por un control de precios para 38 millones de habitantes. Esto es totalmente inequitativo, es una injusticia social. No puede ser que se esté subsidiando la carne de la hotelería y otros sectores puntuales mientras hay gente que se queda sin comer.
ADN: La explicación del Gobierno es que el control de precios y las restricciones a las exportaciones de carne se deben a la lucha contra la inflación.
AN: La inflación la alimenta el propio Gobierno, con su política monetaria. Se incentiva el consumo, pero también debe incentivarse la producción. A medida que la carne se fue abaratando, en vez de disminuir el consumo, aumentó.
Yo no creo en esta política. El hecho más concreto para definir es si la dirigencia está o no de acuerdo con este dólar alto. Si están de acuerdo, lo están con el dólar alto que implica retenciones y control de precios. Si hubiera un padrón universal de los que realmente necesitan que el Estado los subsidie y así llegar bien y a ellos solos, no habría control de precios.
Lanzo un desafío: no hay ningún dirigente que esté a cargo de las entidades que critique el dólar alto. En realidad, el dólar es alto para otros sectores, no para el agropecuario. Para la soja U$S 1 es $2,20, para la carne $2,50, y para comprar la urea es $3,40, ¿entonces qué estamos haciendo? ¿Qué estamos defendiendo?
ADN: ¿Este modelo que implica restricciones a las exportaciones y retenciones tiene futuro para los próximos 4 años en caso de que en las presidenciales gane Cristina Fernández de Kirchner?
AN: No sé. Si los precios internacionales son altos, posiblemente sí. Es más: después del 28 de octubre, la falta de recursos que ya se nota en las cuentas fiscales, va a ser solucionada por el campo, a pesar de todo lo que digan y los paros que puedan hacer las entidades.
Pero la realidad es que va a ganar Cristina porque ningún candidato tiene un proyecto alternativo a la política que mencioné, la del dólar alto, restricciones y controles. Entonces, ¿por qué el ciudadano va a cambiar y votar a otro si le va bien? Ve los problemas de corrupción, o siente la inseguridad cuando lo toca de cerca, pero esos son temas para una gran discusión.
De cualquier forma, me parece que la culpa la tiene la dirigencia, no sólo la agropecuaria, sino en general, y no el Gobierno. Hay políticos que han dicho que a la soja le mantendrían las retenciones, que a la carne se las sacaría…
ADN: Esa es la propuesta de Elisa Carrió…
AN: La nombró usted… Pero en ese plan ¿cómo funcionan los mercados a término? Se piensa que las retenciones son un impuesto que se cobra porque hay gran evasión, algo con lo que no estoy de acuerdo porque la evasión es del conjunto de la sociedad. Pero aún si fuera así, le están cobrando doble impuesto al que paga la ganancia, o sea, se paga por ganancia y por retenciones. ¿Dónde está la estrategia exportadora del dólar alto? Es una gran mentira.
El mundo no cierra mercados porque no hay alimentos. En otro contexto, hoy estaríamos cerrados, por ejemplo por la aftosa, como el caso de Corrientes, pero no es así porque se acabaron los stocks. El trigo sigue subiendo porque la demanda y el consumo en el mundo son superiores a la capacidad de producción.
Si no incorporamos la tecnología, la transformación genética, estamos perdidos como país. Brasil y Argentina son los países del mundo que están en condiciones de aumentar la producción por unidad y por extensión, y por eso el mundo nos está “mimando”.
ADN: ¿Cree que Brasil aprovecha esta situación y Argentina no?
AN: Ellos lo están aprovechando. Brasil ha hecho acuerdos con Europa, con Estados Unidos, se distancia de Venezuela. Nosotros no nos podemos pelear con China por la mano de obra barata y con Estados Unidos por el ALCA… Entonces, ¡que Hugo Moyano sea Presidente, y que gobierne hasta que todo explote!
El mundo está globalizado, y dentro de la globalización debe haber capacidad para ser competitivos, y cuando hay algo que no lo es, hay que reformularlo. Acá hay agroindustria que va a tener que replantearse si le conviene seguir en un rubro o pasarse a otro. No hablo de la otra industria, que tienen algunos que directamente no pueden competir.
ADN: Volviendo al tema de propuestas agropecuarias de los candidatos a Presidente, ¿qué consideración tiene en general?
AN: Subestiman al campo. Los candidatos hacen campaña en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en el Gran Buenos Aires, el problema es el transporte entre Capital y Provincia, la seguridad entre los mismos distritos, la cuestión del medio ambiente es un problema que surgió en Gualeguaychú (por el conflicto de las papeleras entra Argentina y Uruguay), pero es mucho más grave en Buenos Aires, etc., entonces no hay una propuesta de país.
Esto, me parece, es un debate que viene. Las coaliciones no permiten ir a un debate muy profundo, yo estoy conversando con algunas de las líneas para ver si entro en alguna, pero no avalando la plataforma, porque lo importante es crear capacidades para poder tener un parlamento donde poder discutir esto.
En el Congreso, salvo rarísimas excepciones, hoy el sector agropecuario está subestimado, no interesa, no tiene voto. Pero el sector no tiene plata porque no la quiere poner, cuando lo que hay que hacer es una campaña de comunicación “en positivo” los 365 días del año, para explicar qué somos nosotros, qué representamos, y qué dependencia tiene cada uno de los habitantes del país de lo que produce el sector agroindustrial.
ADN: ¿Esa es la diferencia que se marca entre el campo y la industria? Históricamente se afirmó que en Argentina los industriales tienen más astucia política que la que tienen los dirigentes del campo.
AN: Ellos están más concentrados, y son grandes lobbistas. Han puesto un Ministro de Economía (por Miguel Peirano), que es un lobbista de la industria ineficiente, contra el sector agropecuario, pero como ya dije, el equilibro fiscal lo va volver a pagar nuestro sector, así que los dirigentes pueden ir preparando los paros y todo eso.
Acá hay muchos ruralistas que en su momento avalaron al grupo “productivo” del ex Presidente Eduardo Duhalde y compañía, que es la política que todavía hoy estamos viviendo. Entonces la propuesta de Roberto Lavagna no se diferencia de eso, es lo mismo.
ADN: ¿Qué horizonte hay en el precio de los commodities para los próximos años? ¿Argentina podrá seguir aprovechando el contexto internacional? ¿Tiene que seguir ese camino o exportar valor agregado?
AN: Lo ideal sería exportar con valor agregado, pero hay que fijarse la poca capacidad que hay para integrarse en las cadenas, sobre todo en el tema ganadero.
Productores, consignatarios, Mercado de Liniers, los frigoríficos grandes, los chicos, están todos divididos. ¿Cómo puede ser que este país siga manteniendo el doble estándar sanitario? Eso es algo que permite, directamente, la competencia desleal. El gran responsable es el conurbano bonaerense, donde están todos los mataderos y frigoríficos que sólo se dedican al consumo interno, que no exportan.
El otro día el Gobernador de Buenos Aires Felipe Solá anunció que iba a dejar la propuesta para solucionar el tema, pero durante toda su gestión no hizo nada al respecto, porque sino ningún intendente le hubiera dado apoyo para la próxima campaña electoral. ¿Daniel Scioli tiene una propuesta en su plataforma para terminar con eso?
Debe haber un solo estándar, y que todos los frigoríficos del país lo cumplan, sea para consumo interno o exportación. De esa forma, los cortes caros se podrían exportar, y los 12 cortes populares se podrían consumir aquí. Si a esto se le agrega que no haya control de precios, estaríamos haciendo lo que hace Uruguay.
Esta política económica es equivocada. Durante la semana, un economista me dijo que será difícil encontrar un economista que pueda seguir con este modelo porque sería reeditar un ajuste tal como el que hiciera Celestino Rodríguez (N. de la R.: Fue el Ministro de Economía de la Presidenta María Estela Martínez de Perón que, en 1975, anunció una brutal devaluación y aumento de tarifas, en lo que fue el comienzo del declive del Gobierno peronista, que en 1976 sufriría un golpe militar). ¿Cuál es el precio de las tarifas? ¿Cuál es el precio de la carne? ¿Vamos a seguir con restricciones? Este Gobierno, en vez de proteger al chico, protege al grande.
Paradójicamente, el voto de las grandes ciudades ha sido en contra del Gobierno, cuando éste, lo que ha hecho, es trabajar en función de esos electores. Yo pago, en mi departamento de la Ciudad de Buenos Aires, $26 (U$S 8,20) de gas por bimestre, cuando una garrafa vale $29. Entonces me parece que esto la economía no lo puede aguantar.
Hoy no hay funcionario, por más equipo que tenga, que pueda determinar cuánto vale cada cosa. Quien quiera corregir la situación debe dejar actuar libremente a las fuerzas del mercado. Primero los precios van a subir mucho pero después, cuando aparezca la oferta, buscarán su nivel.
En la actualidad hay manejos de políticas cambiarias que castigan a un sector y favorecen a otro. Y el castigado, siempre, es el sector agropecuario. Todavía el campo está trabajando bien por los altos precios internacionales, además de lo que comienza a surgir con el tema biocombustibles.
ADN: ¿Cómo ve entonces la cuestión dialéctica que se da entre Hugo Chávez y George Bush acerca de una supuesta incompetencia entre la producción de alimentos y la de biocombustibles?
AN: Este escenario de crecimiento del mundo con la suba de los precios aumenta producciones y áreas de producciones, por lo que se genera que haya más zonas que entran al sistema, más gente que ingresa, aumenta la demanda y mejora el estándar de vida, por lo que la aparición de los biocombustibles potencia todo aún más. Estamos ante un escenario que, si Julio Verne lo hubiera querido escribir, no lo hubiera soñado.
Pero los gastos que aumenta el Gobierno son los corrientes, los que no se bajan más, salvo con devaluaciones. Por eso muchos están desesperados por comprar bienes y dólares, porque saben que se va hacia una devaluación. Aunque estamos hablando sólo de una parte de la población, ya que el 70% de la gente no puede hacer eso.
Más marginados, más desempleados, ¿qué va a terminar haciendo el Gobierno? Otra devaluación. Argentina es el único país del mundo que tiene una inflación de semejante índice. Los otros no los nombro porque directamente están fuera del sistema.
Soy muy pesimista de nuestra economía, porque vamos hacia un sinceramiento. Pero tenemos la suerte que éste se dará en un contexto internacional muy bueno, que hará más fácil salir de la crisis.