Estados Unidos y China, dos países inmersos en múltiples controversias bilaterales, mantendrán esta semana conversaciones para intentar aplacar las tensiones sobre el tipo de cambio, controlar el sentimiento proteccionista y reforzar la seguridad energética.
El diálogo será protagonizado por el Secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson y el Viceprimer Ministro chino, Wang Qishan, nuevo encargado de las relaciones con Estados Unidos, quien participará por primera vez en estos encuentros semestrales establecidos en 2006 por los mandatarios George W. Bush y Hu Jintao.
Los dos días de "diálogo estratégico y económico" comenzaron hoy en la Academia Naval de Annapolis, cerca de Washington, mientras las dos principales economías globales sufren la explosión del precio del crudo y de los alimentos, la escalada inflacionaria y la inestabilidad de los mercados financieros.
"Queda claro que nuestra estrategia de compromisos con China (…) es mucho más productiva que las políticas proteccionistas o las leyes", subrayó Paulson. Tanto China como Estados Unidos han expresado su inquietud ante las presiones proteccionistas suscitadas por las dificultades económicas, y estiman que la discusión debería centrarse en la búsqueda de medios de promoción y de protección de las inversiones bilaterales.
Las firmas estadounidenses consideran que las reglas para invertir en China son inestables y poco claras. Además, las acusan de beneficiar a los "campeones nacionales" chinos, mientras que Beijing denuncia las acciones estadounidenses para imponer importantes subvenciones a la agricultura y limitaciones para la inversión extranjera en su país. "Si esta tendencia al proteccionismo se dispara sin control, puede convertirse en una amenaza para el comercio mundial y para el sistema de intercambio multilateral", declaró Sun Zhenyu, Embajador de China ante la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Durante las conversaciones, Washington podría obtener avances en materia de seguridad energética, mientras China vacilaría en la adopción de una posición firme en la medida que no sabe qué puede pasar con las nuevas políticas del próximo Presidente de Estados Unidos en 2009.
Ambas naciones son las mayores contaminantes del planeta y las principales importadoras de petróleo del mundo, aunque ambos se niegan a aplicar el protocolo de Kyoto para la reducción de los gases de efecto invernadero.
Tras la reunión de diciembre, China y Estados Unidos anunciaron el lanzamiento de una década de cooperación en materia medioambiental. Paulson prometió que los resultados de los primeros esfuerzos en este aspecto se abordarán en Annapolis. También deberán abordar sus querellas monetarias, una discusión en la que el Presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, no permanecerá al margen.
Washington estima que la apreciación de la moneda china, el yuan, que ganó un 20% contra el dólar en los últimos tres años, podría incrementarse en el marco de las reformas monetarias ya que podrían también ayudar a controlar la inflación, un aspecto políticamente sensible en China, donde la mitad de las rentas de los gobiernos se destinan a la alimentación. Pero al mismo tiempo, la baja del dólar inquieta a Beijing, ya que la mayoría de sus reservas de moneda extranjera están principalmente en dólares, aunque ya ha comenzado a desprenderse de ellos mediante inversiones en recursos naturales para asegurarse la provisión energética y alimentaria.