Las diferencias entre Estados Unidos y China e India, los principales países emergentes que derribaron la semana pasada las conversaciones comerciales de la Organización Mundial de Comercio (OMC), son muy complejas para ser resueltas rápidamente, según afirmó un funcionario comercial estadounidense de alto rango.
"En momentos como éste, a veces es bueno dejar que se disipe el polvo, tomarse un tiempo para enfriarse y entonces, sólo entonces, tratar de buscar un sendero plausible hacia adelante", dijo Warren Maruyama, asesor general de la Oficina de la Representante de Comercio de Estados Unidos en un discurso pronunciado en el American Enterprise Institute.
“Incluso si la OMC se ha tornado extremamente inmanejable, sería una locura alejarse de Doha a menos que haya algo mejor”, subrayó el funcionario. “Hoy en día, no hay otra alternativa plausible”, agregó.
Si bien ha habido cierta especulación sobre una próxima reunión de los ministros antes de fin de año, eso sólo sería productivo si las cuestiones sobre las que tropezaron los representantes la semana pasada pudiesen ser resueltos primero, dijo Maruyama. "Nadie quiere ver morir a Doha”, aunque, sin embargo, “no hay motivos para convocar a la gente de nuevo y encontrarse aún en desacuerdo", resumió.
La Representante de Comercio de Estados Unidos, Susan Schwab, ha dialogado por teléfono con otros ministros desde que el intento más reciente de lograr un acuerdo en las prolongadas conversaciones de la Ronda Doha fracasara la semana pasada en Ginebra. "Los temas que condujeron a la ruptura de las conversaciones no serán solucionados inmediatamente", advirtió Maruyama.
La reunión de Ginebra fue considerada la última oportunidad de lograr un acuerdo sobre los importantes temas de comercio agrícola e industrial, el epicentro de la Ronda Doha que ya lleva casi siete años, antes de que el Presidente George W. Bush deje su cargo en enero de 2009.
La participación china
Las conversaciones sucumbieron cuando Estados Unidos no pudo llegar a un acuerdo con India y China sobre los términos de "un mecanismo especial de salvaguarda" (SSM, por sus siglas en inglés) para proteger a los agricultores de los países en desarrollo del alza en las importaciones.
"Ginebra fue en donde China participó por primera vez en el circulo interno de la OMC. A veces, fueron torpes y poco elegantes. Fue decepcionante que respaldaran a India con respecto al SSM. Esperamos que eso haya sido una experiencia de aprendizaje y no una señal del futuro", dijo Maruyama.
Estados Unidos había aceptado un compromiso propuesto por el Director General de la OMC, Pascal Lamy, que habría permitido a los países en desarrollo elevar sus aranceles sobre los bienes agrícolas cuando las importaciones se incrementaran un 40% por encima del promedio de los tres últimos años. Pero India y China querían que la salvaguarda fuera activada luego de un incremento del 10% ó 15%. India insistió en que los países en desarrollo pudieran incrementar sus aranceles a niveles por encima de aquellos permitidos bajo el acuerdo de comercio mundial de la Ronda Uruguay de 1994. Estados Unidos consideró que eso podría perjudicar cualquier ganancia de las exportaciones agrícolas provenientes de un acuerdo en Doha al permitir a los países en desarrollo subir los aranceles, en respuesta al normal crecimiento en el comercio, en lugar de un alza en las importaciones.
El tema no puede ser resuelto partiendo de la diferencia entre 15% y 40% o a través "de alguna galimatías legal" que le brinde a los países en desarrollo el derecho a imponer aranceles de salvaguarda siempre que los agricultores de subsistencia se enfrenten a un "daño demostrable", indicó Maruyama.
Además, el funcionario elogió a Brasil por romper filas con India y trabajar en un pequeño grupo con Estado Unidos, la Unión Europea, Japón y Australia para tratar de lograr un acuerdo. Pero China aparentemente vio al mecanismo de salvaguarda como una forma de volver sobre los compromisos de mercado que hizo cuando se unió a la OMC en 2001, concluyó.