Basados en estadísticas oficiales, los analistas locales destacaron el crecimiento global del 4,08% de la economía en el primer trimestre de 2006, pero llamaron la atención sobre la difícil situación que enfrenta el sector agropecuario, que presentó uno de los crecimientos más bajos, con sólo el 0,78%.
A ello se suma que el empleo rural cayó en 9% entre el cuarto trimestre del 2005 y el primero del 2006. El menor ritmo del campo se comprueba también en la pérdida de dinamismo del crédito, ya que en el primer semestre de este año creció 0,76%, frente a un 20% en el mismo período de 2005.
Asimismo, indican las fuentes, en 1990 Colombia tenía cultivadas 4.623.745 hectáreas, las cuales bajaron a 4.066.311 hectáreas en 2005. Ya en el primer semestre de 2006, se perdieron otras 60 mil hectáreas de cultivos.
Para los expertos esa situación es preocupante, toda vez que en menos de un año debe entrar en vigor -si es aprobado por los parlamentos de los dos países y firmado por sus presidentes- el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos.
Debido al TLC, sostienen, a mediados del 2007 o a comienzos del 2008, varios productos podrán ingresar al mercado local con arancel cero, lo que sacará de la competencia a productores nacionales.
Entre los cultivos que desaparecerán, los analistas mencionan las 70 mil hectáreas de sorgo, las 20 mil de trigo y las 1.700 de soya, entre otros, mientras continuarán disminuyendo los sembrados de maíz y arroz.
Al respecto, cifras oficiales reflejan que en el primer semestre de 2006 ingresaron al país 770 mil toneladas más de materias primas agropecuarias y agroindustriales que en el mismo período del 2005.
El año pasado el Producto Interno Bruto sectorial sólo creció 2,7%, mientras que la economía registró un crecimiento del 5,2%.
Para avivar la crisis, los diarios están relatando la crisis del sector en sus editoriales. Es el caso del diario El Nuevo Siglo, que en su editorial afirmó que “un país que pierde su agricultura está condenado a perecer en la globalización”.
Además, agrega que mientras las naciones más globalizadas son las que más defienden su agricultura, en Colombia, por el contrario, se piensa que pertenecer a la modernidad es “denigrar del campo como un elemento cavernario”.
El periódico advierte que los cultivadores de hoja de coca surgieron a partir de las diversas crisis agrícolas en determinados productos, como el algodón y el sorgo, en los últimos 30 años. De esa manera -sostiene- se crearon jornaleros itinerantes que terminaron por establecerse más allá de la frontera agrícola y se dedicaron a los cultivos ilícitos.
Por ello, asegura, el país requiere la adopción masiva de la biotecnología, la adecuación de las tierras, la reconversión de algunos cultivos y el abaratamiento de insumos. Pero -subraya- más allá de esto, que no es nuevo para nadie, se necesita saber si el Estado lo que quiere es adoptar un modelo importador de alimentos o mantener la producción colombiana.
"Lo que se ha demostrado es que vamos por el camino de lo primero, mientras hipócritamente y sin resultados se dice que se quiere lo segundo", puntualiza el editorial de El Nuevo Siglo.