Flannery considera que, si no se frena el ritmo actual de emisiones de CO2 a la atmósfera, en 2080 la superficie de Groenlandia estará cuatro grados más caliente, con lo que se podrá desprender una cantidad suficiente de agua dulce como para cortar la Corriente del Golfo, que transporta calor desde el Ecuador hasta el Atlántico norte, informó AP.
Esta corriente, que lleva una cantidad de calor equivalente a un tercio de la que el sol aporta a Europa Occidental, está compuesta por agua salina que podría ser cortada por el agua dulce desprendida de los cascos polares al derretirse debido al calentamiento global.
Las consecuencias de este fenómeno se dejarán sentir "en un par de inviernos" en Europa y América del Norte, y provocará el comienzo de un nuevo período de glaciación.
El científico recuerda que, en la última interrupción de la Corriente del Golfo, producida hace 12.700 años, los Países Bajos tenían temperaturas invernales de 20 grados bajo cero y en el centro de Francia se registraban temperaturas propias de Siberia.
Además, estima que la productividad biológica del Atlántico caerá en torno al 50%, y la de los océanos a nivel mundial se hundirá más del 20 por ciento.
Este es uno de los escenarios que dibuja el autor, si se cumplen las previsiones de aumento de temperatura del Panel Internacional de Cambio Climático (IPCC), aunque cree "probable" que el calentamiento global sea aún mayor que esas estimaciones.
Sin embargo, Flannery confía en una "economía del carbono" en la línea del Protocolo de Kyoto, en la que todos los ciudadanos del mundo "tengan el mismo derecho a contaminar", pues obligaría a que las emisiones generadas en los países desarrollados se adaptasen a las de los más pobres.
El autor critica que la industria energética apueste al petróleo y al carbón, y apuesta por el uso de la biomasa y las energías renovables, así como por el control del consumo a nivel doméstico.
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