Hace unas semanas, la compañía completó la fábrica que había comenzado en su localidad oriunda, Avellaneda, al norte de Santa Fe. La planta tiene una capacidad de producción de 70.000 metros cúbicos, que equivale a unas 65.000 TN de biodiésel, y fue construida por la firma local Servipack.
Claudio Molina, Director de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno, explicó que la planta es considerada mediana, ya que este tipo de emprendimientos se consideran grandes recién a partir de las 100.000 TN.
Por el momento las únicas plantas de biodiésel que se comenzaron a construir son chicas (por debajo de 50.000 TN) y la mayoría de ellas son para el autoconsumo. Entre ellas se encuentran las de Oil Fox (en Chabás, Santa Fe), Bionerg (vinculada a la semillera Don Mario, en Chacabuco, Buenos Aires), BioDiesel (en Sancti Spiritu, Santa Fe) y Grutasol (de Soyenergy, en Pilar, Santa Fe).
El emprendimiento de Avellaneda, significó la reactivación de una planta aceitera que estaba desactivada desde hacía doce años, y donde actualmente se encuentra realizando los últimos ajustes, mientras de espera la aprobación de la Secretaría de Energía para comenzar a operar comercialmente.
Sin embargo, no es ésta la mayor apuesta de Vicentín en este negocio, en alianza con su competidora suiza Glencore, la empresa está levantando otra fábrica en San Lorenzo, Santa Fe (donde tiene producción aceitera y puerto), que podrá producir 230.000 TN por año.
Este proyecto, también se encuentra en una etapa avanzada, cuya primera parte, que corresponde a las fases de refinación (u obtención de aceite), va a estar lista en abril, cuando llegue de Alemania la maquinaria que compraron.
Para la segunda y última fase, la de esterificación (sobre la que se realiza el biodiésel), habrá que esperar hasta junio.
Según fuentes del sector, la inversión total de Vicentín en biocombustibles, con la que alcanzará 300.000 TN anuales de biodiésel, es aproximadamente 25 millones de dólares. "Esto nos permite sumar valor agregado con integración vertical", indicó un directivo de la firma.
Con el alto precio internacional que tiene actualmente la soja y el precio local del gasoil, la producción de biocombustible para el mercado local es inviable. “Para exportación, los números cierran ahí, no más. Ayuda que el aceite de soja tiene un 24% de retenciones, contra el 5% del biocombustible, que además tiene un 2,5% de reintegro", aseveró Molina.
Es posible que por esos motivos, los proyectos de petroleras como Repsol, todavía no superaron la etapa de análisis. Por el momento, la otra planta grande en camino es la de AGD y Bunge, en los alrededores de Rosario, tal vez porque cubren la fase intermedia de producción de aceite. |
 |