En su opinión, no importa tanto el por qué se generó este altísimo grado de adhesión (si es por motivos medio ambientales, geopolíticos, de sustentabilidad rural, etc.), sino más bien sus implicancias.
Desde su punto de vista, es el hecho de que los Estados más poderosos del mundo redoblaron sus esfuerzos para promover el desarrollo de los biocombustibles, garantizando que este compromiso se mantenga a futuro a partir de distintos instrumentos, como por ejemplo los cortes obligatorios en las gasolinas para los medios de transporte.
Todo parece indicar que el desarrollo de los biocombustibles trasciende hoy a los gobiernos, subrayó Garzón que agregó que se convirtió en política de Estado, casi más allá de cualquier ecuación económica, social y de medio ambiente, bajo la cual se pretenda evaluar la conveniencia o no de la causa. Esto sucede en Estados Unidos con seguridad, probablemente también en Brasil y también, aunque en menor grado, en países europeos (Alemania, entre otros) y asiáticos (China, India), enfatizó.
Agregó que el segundo factor, tiene que ver con el actual precio del petróleo y el que se prevé a futuro. En los '90 el barril de petróleo promediaba los us$ 20, mientras que en los últimos tres años, se ha encontrado por encima de los us$ 40, con un pico de us$ 75 a mediados de 2006, por lo cual no es fácil predecir el futuro del precio del petróleo y no hay consenso entre los analistas del sector.
Garzón afirmó que no es un dato menor, dado que la producción de biocombustible comienza a ser rentable (sin subsidio) a partir de un determinado precio del petróleo. Las estimaciones indican que en el caso del etanol producido a partir de caña de azúcar, el petróleo debe valer us$ 35, en el caso del etanol producido a partir de maíz, el petróleo debe valer us$ 60, y así para cada tecnología alternativa de producción, explicó.
Además, el economista indicó que los inversores también observan el pasado y se entusiasman con el resultado que han tenido quiénes apostaron antes por esta actividad, ya que en los últimos siete años se produjo una fuerte capitalización de las empresas de biocombustibles.
Garzón refirió que resulta interesante descomponer al Índice de Nuevas Energías por sectores y comparar la evolución del sector biocombustibles respecto del resto, ya que al hacerlo puede apreciarse que el desempeño de las acciones de empresas que participan en el mercado de biocombustibles ha sido mejor que las acciones de las restantes empresas que integran el Índice.
En síntesis, afirmó Garzón, la política y el petróleo caro explican el auge de los biocombustibles. La política se apoya en causas diversas, entre las que se encuentran el cumplimiento de protocolos medio ambientales, la búsqueda de autonomía energética, la creación de valor agregado y empleo en el ámbito rural.
En el plano económico y como recomendación para el inversor privado, lo importante es hacer una evaluación objetiva de la rentabilidad económica del proyecto de producción de biocombustibles. Si esta evaluación llega a un número negativo, bajo precios razonables de petróleo y las actuales tecnologías disponibles, la cuestión a decidir es si estará dispuesto o no a correr el riesgo de depender, al menos hasta que mejoren las condiciones, de un subsidio público.
Destacó además que a las empresas más importantes de este negocio que operan a nivel global no les ha ido nada mal en los últimos años, pero advirtió que se trata de empresas que operan a gran escala, con sistemas de producción muy eficientes, que tienen un acceso al capital muy competitivo, que pueden capitalizar el elevado precio del petróleo dado que los mercados de combustibles están liberados al igual que las exportaciones, y que cuentan con mecanismos de subsidios muy poderosos.
Garzón concluyó que en Argentina existen inversores a la altura de las circunstancias. Sin embargo, no dejo de preguntarse si están dadas las condiciones político, institucionales y de mercado que ofrecen otros países en el mundo.
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