Éste informe, afirma que el método actual de producción en Estados Unidos, basado principalmente en el monocultivo de maíz para la fabricación del biocarburante, degrada los recursos naturales y le impide presentarse como una alternativa viable”.
La entidad asegura que éste tipo de producción “perjudica la tierra y los recursos hídricos y solo resulta rentable gracias al sistema de tarifas e impuestos del que se beneficia”.
Así mismo, la ESA estableció como parámetro tres principios para considerar como sostenibles a los biocombustibles
El primero consiste en el balance positivo entre la energía consumida y la producida. Según el documento, el uso de agricultura en intensiva en Estados Unidos conlleva entre otras cosas al uso masivo de fertilizantes y plaguicidas químicos, alto consumo de agua, erosión del suelo, contaminación de aguas subterráneas, pérdida de biodiversidad) que impiden que salga un balance positivo, por lo que se debe apostar por otro tipo de cultivos.
El segundo principio avanza algo en este sentido, ya que plantea pensar tanto en maximizar las cosechas como en conservar los “otros servicios” que proporciona la tierra. Para ello proponen no utilizar fertilizantes en algunas praderas pensando en que se conseguirán bajas producciones a cambio de otros beneficios, como evitar o limitar inundaciones, reducir el riesgo de plagas, mantener el nivel de las aguas subterráneas y asegurar la calidad del agua por la ausencia de pesticidas”.
Por último, la ESA aboga por una agricultura de escalas, es decir, que la producción se amolde a las particularidades locales, regionales y globales, y no solo a esta última y se favorezca el desarrollo de biocombustibles procedentes de varias fuentes.
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