Brasil puede volverse una potencia mundial en la producción y venta de biodiésel, un combustible regularizado hace dos años por el gobierno federal para sustentar la agricultura familiar y hoy es parte de los negocios estratégicos de grandes empresas como Petrobras, Ipiranga, ADM, Caramuru y Bertin.
Arnoldo de Campos, funcionario del Ministerio de Desarrollo Agrario, dice que los proyectos que anunciaron las empresas brasileñas demandarán inversiones totales que rondan los 328 millones de dólares. Con las nuevas propuestas se garantizará la oferta hasta fines de 2007.
Pero Brasil no es el único país de América Latina que apuesta fuerte en este combustible. Argentina, histórica competidora de los brasileños en la producción y venta de carne y productos de soja, también comenzó a elaborar proyectos ambiciosos para el biodiésel. Una de las grandes diferencias es que más del 75 por ciento de la producción que elaborará Argentina tendrá como destino el mercado internacional.
Los fabricantes brasileños pretenden, en primera instancia, dedicarse al mercado interno. No sólo para cumplir con las metas del gobierno, sino también para satisfacer los pedidos de las distribuidoras de combustibles que se esforzaron para posicionar al denominado B-2 (que consta de 2 por ciento de biodiésel y 98 de diésel) en todas las estaciones de servicio.
“Con tradición en el sector de la soja ( la principal materia prima del biodiésel), seguramente la Argentina no va a querer quedarse afuera de ese mercado”, opinó Campos. El funcionario reconoce que, a pesar que los proyectos brasileños se encuentran en un nivel más avanzado, el biodiésel argentino llegará primero al mercado exterior. Sobre todo a los países de Europa, los mayores clientes de ese combustible.
“Incluso con un aumento en la producción en los próximos años, Brasil no tendrá condiciones para atender la demanda externa antes de 2010, lo que abre espacio para Argentina”, explicó Campos.
César Borges de Souza, vice presidente de Caramuru, la mayor productora de soja de capital brasileño, se encuentra preocupado por el ingreso de Argentina en este sector. Según de Souza, debido a una deficiencia de la legislación brasileña que favorece a la exportación de soja en grano en vez de exportar el aceite, “los argentinos, que apoyan las exportaciones de productos industrializados, toman espacio de los brasileños en el mercado internacional de los derivados”. “Pasamos a ser los últimos de la fila entre los exportadores de aceite y es probable que lo mismo ocurra con el biodiésel”, alerta de Souza.
De acuerdo con el Programa Sectorial de Política Energética del Gobierno brasileño, el biodiésel se vende en más de 1.700 estaciones de servicio, además de los 500 grandes consumidores. El mercado anual suma 100 millones de litros. Hasta fin de año, más de 3.500 estaciones de servicio distribuirán biodiésel y los grandes consumidores llegarán a 3.000. Con estas cifras, Brasil necesitará producir 675 millones de litro al año.