Así lo dijo el canciller Celso Amorim a periodistas poco antes de la reunión del Mercado Común del Sur (Mercosur) en Montevideo.
Argumentó que Brasil está a la vanguardia mundial en la producción de etanol a partir de la caña de azúcar, el cual tiene siete veces mejor desempeño que el producido con maíz, como lo hace Estados Unidos.
El viernes 14 de diciembre, la estatal petrolera brasileña Petrobras anunció el cierre de negociaciones para la adquisición y comercialización de biodiesel, combustible orgánico producido con oleaginosas y sebo de ganado.
Petrobras y su subsidiaria Refap firmaron contratos para la adquisición de 380 millones de litros de biodiesel con las 15 unidades productoras que vencieron en la subasta de licencias de la reguladora estatal Agencia Nacional de Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP), en noviembre pasado.
Con estos preparativos, por disposición del gobierno, el biodiesel deberá ser mezclado de manera obligatoria, en 2 por ciento, al diesel fósil convencional a partir de 2008.
Las ventajas del uso de los biocombustibles son numerosas. Los principales de ellos, el etanol (alcohol etílico combustible) y el biodiesel (a base de varios aceites vegetales y etanol) ofrecen una quema mucho más limpia que los combustibles fósiles, además de ser considerablemente más baratos y renovables.
Los combustibles vegetales no emiten compuestos de azufre o nitrógeno, responsables por la lluvia ácida, y su producción de dióxido de carbono, principal causante del "efecto invernadero", es entre 50 y 80 por ciento menor que en los de origen fósil.
Con el precio del petróleo oscilando alrededor de los 90 dólares por barril, el etanol para uso automovilístico ofrece otra notable ventaja, además de las ambientales: un costo compatible con la economía de los países menos desarrollados y sin petróleo.
En el caso del biodiesel, la diversidad de especies vegetales que producen aceites utilizables en su fabricación hace que una propiedad de cualquier tamaño en casi cualquier región del planeta pueda producir lo suficiente para la sobrevivencia de una familia.
En el caso particular de Brasil, solamente en la región noreste - la más miserable del país por ser semiárida- existen más de tres millones de hectáreas aptas para el cultivo del ricino, una planta rústica y adaptable a la falta de agua.
La estatal Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), que ofrece esa información, también asegura que el país dispone de 90 millones de hectáreas de tierras propias para cultivar caña de azúcar y otras plantas productoras de aceite.
Esa superficie de tierras "disponibles" es el doble de la que Brasil utiliza actualmente para obtener todas sus producciones de cereales, leguminosas y oleaginosas, con un total de más de 130 millones de toneladas anuales.
Así, en la visión oficial, la producción de biocombustibles no "competiría" con la producción de alimentos, porque existiría tierra suficiente para todo. Por añadidura, la agricultura familiar dispondría de un mercado seguro y rentable para sus productos.
Pero no todo es tan perfecto. Las tierras disponibles incluyen buena parte del "cerrado" y la Amazonia, dos biosistemas cuya sobrevivencia es amenazada precisamente por la expansión de la frontera agrícola.
El gobierno brasileño ha alardeado mucho -y acaba de volver a hacerlo en la conferencia de Balí sobre el clima- acerca de la reducción de las quemas de pastizales, que pasaron de 27.300 kilómetros cuadrados en 2003 a poco más de 11.000 kilómetros en 2006.
Pero olvidó establecer una relación entre esa realidad y la crisis climática enfrentada por la agricultura nacional, que en el mismo periodo hizo económicamente inconveniente la ampliación de la superficie cultivada.
Superada la crisis y con la expectativa de ganar mucho dinero con los combustibles de origen vegetal, las quemas volvieron a crecer a partir de agosto de 2007, en una proporción amenazante en Mato Grosso y el sur de Pará.
No hay ninguna razón, por ahora, para creer que Brasil es inmune a los problemas que enfrentan Indonesia y Malasia, donde la producción de aceite de palma destinado a la exportación causa la destrucción acelerada de las selvas tropicales y amenaza la supervivencia de la fauna.
En cuanto a la competencia entre biocombustibles y alimentos, Argentina y México ya han dado ejemplos que deberían inspirar cuidado. En el primero, la ocupación de pasturas con el cultivo de soya hizo encarecer la cría de ganado y el precio de la carne subió.
En el segundo, la exportación de maíz para producir etanol en Estados Unidos provocó la duplicación del precio de ese grano, que constituye la base de la alimentación de los mexicanos pobres. Y no son países pequeños con pocas tierras.
En el caso del etanol se agrega otro problema, que para Brasil afortunadamente todavía es lejano: la escasez de agua. La producción de cada litro del combustible "ecológicamente correcto" exige cuatro litros de agua, algo inaccesible para muchos países.
Pero hay más problemas:
Y no es de los menores el de la imprevisibilidad de la producción, tanto debido a causas naturales como sequías o exceso de lluvia, como a la acción humana guiada por el deseo de mayores ganancias.
El alcohol empezó a ser usado en Brasil en gran escala, como combustible, enseguida de la crisis del petróleo de los años 1970. La producción aumentó notablemente y en 1985 el 85 por ciento de los automóviles nuevos tenía motor a alcohol.
Pero a partir de 1988, los precios internacionales del azúcar se dispararon y los productores prefirieron, en lugar de abastecer al mercado nacional de alcohol, exportar la caña en forma de azúcar, ganando mucho más.
En poco tiempo, la proporción de automóviles a alcohol se redujo a apenas el 2 por ciento de la flota nacional.
No se pueden tomar decisiones industriales siquiera de mediano plazo si las garantías de abastecimiento del nuevo combustible no son muy fuertes; los que confiaron en el alcohol en 1988 pagaron un alto precio por ello.
Muchos países, y Brasil es uno de ellos, están investigando lo que puede ser la solución para todos esos problemas: la producción de etanol a partir de la celulosa.
En teoría, es fácil conseguirlo y existen dos métodos ya establecidos: el de hidrólisis enzimática y el de gasificación seguida de fermentación y destilación. Pero en la práctica hay muchas dificultades que vencer.
Petrobras, la empresa estatal petrolera que se ha convertido en la principal propulsora de los biocombustibles en el país, ha patentado su método, basado en la quiebra de moléculas por acción de enzimas.
Pero aún no ha conseguido hacerlo de forma económicamente viable, y la previsión más optimista es que eso ocurra sólo a partir de 2010.
Cuando eso se consiga, el mundo dispondrá de un combustible que no competirá con la producción de alimentos, porque utilizará como materia prima el desecho de éstos: los bagazos, hojas y tallos hasta ahora inútiles.
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