Los bodegueros de las 27 regiones vinícolas del planeta han emprendido hace años una lucha sin cuartel contra el calentamiento, que ya afecta gravemente a las cosechas y calidad de los vinos.
Un sector que cultiva ocho millones de hectáreas en el mundo, que produce la cifra de 282 millones de hectolitros de vino, y que factura decenas de miles de millones dólares está claramente preocupado.
“La vendimia se ha adelantado de media 11 días en los últimos 20 años”, afirma Pancho Campo, presidente de la Academia del Vino y del Congreso Mundial de Cambio Climático y Vino.
Este experto, asegura que ese acortamiento de la etapa de maduración de la uva provoca que cuando alcanza el grado alcohólico adecuado aún no ha madurado fenológicamente el fruto.
Como resultado sube el grado alcohólico y baja la acidez, que es lo que da al vino su poder de longevidad y la estabilidad microbiana.
El cambio climático está modificando los patrones de las plagas del viñedo: bacterias, hongos y virus que el frío controlaba naturalmente empiezan a desconsolarse.
En California apareció la enfermedad de Pierce, letal para la viñas. El contagio lo realiza la chicharra alas de cristal que migró de Texas a California gracias a la subida del termómetro.
El incremento de lluvias, la concentración de CO2 y la radiación ultravioleta afectan al viñedo.
“Como el enólogo debe vendimiar cuando la pulpa madura, el resto de la uva está verde todavía y entonces el vino tiene sabores herbáceos, sin gracia”.
“El mercado pide un buen color, taninos no amargos ni herbáceos ni astrigentes y poco grado alcohólico, y esto es precisamente lo que dan las uvas actuales”, asegura el experto.
Aunque han sido prácticas indeseables y prohibidas hasta ahora, se cree que se tendrá que recurrir a nuevas tecnologías como la de ósmosis inversa con membranas para rebajar el alcohol, y a la columna de intercambio catónico o la electrodiálisis para aumentar la acidez de los caldos.
“Ante el cambio climático, es necesaria una nueva cultura del vino”, concluye Pancho Campo en una de esas frases que tanto disgustan a los antiecologistas.
En lo que respecta a las botellas, habrá que analizar lo que pesan y cuestan energéticamente.
O en el tapón, puesto que los nuevos sintéticos gastan energía y se emiten CO2, mientras que el corcho natural lo absorbe.
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