Futaleufú es un pueblo fantasma en el que ahora viven unas 500 personas, un cuarto de su población usual, que miran con lástima sus hogares pero no temen por su seguridad personal.
Fuerzas de seguridad llegaron el jueves al lugar para quitar las cenizas de los techos de las casas de quienes decidieron quedarse, por temor a que haya derrumbes.
"No me voy porque me da miedo dejar las cosas, hay que cuidar a los animales. Parte de mi familia se fue, yo resisto," dijo José Marciano, un trabajador del campo de 74 años con la cara cubierta por un barbijo y amante del lugar que habita desde hace 40 años.
La actividad más intensa del volcán, que desde el viernes pasado comenzó a escupir cenizas y material incandescente, se registró cerca de la medianoche del miércoles, con ruidos, temblores y una tormenta eléctrica en su cráter. Luego cesó su fuerza.
Gran parte de los habitantes de Chaitén, pueblo ubicado a unos 15 kilómetros del volcán y totalmente evacuado, fueron trasladados a albergues habilitados en la ciudad sureña de Puerto Montt.
Pero a Futaleufú, que aunque está más lejos del macizo -a unos 70 kilómetros- es uno de los más afectados porque es hacia donde los vientos han llevado más cenizas, las autoridades aún traen cajas con alimentos, que duran unos 15 días a una familia de cuatro personas.
También transportan agua potable en camiones cisterna porque las napas superficiales están contaminadas.
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