Andy Pag, de 34 años, y John Grimshaw, de 39, quieren llamar la atención sobre las que consideran grandes ventajas del biodiesel con
su tour de más de 7.000 kilómetros.
El camino los llevará a través de Inglaterra, Francia, España, Marruecos y el Sahara, hasta que después de unas tres semanas alcancen la ciudad-oasis en Mali. A bordo llevan 2.000 litros de biodiesel confeccionado con 4.000 kilos de restos de chocolate, el
equivalente a 80.000 tabletas de chocolate.
Pag tuvo la idea de hacer el viaje sin emitir dióxido de carbono y por eso se dirigió a una empresa británica que produce combustibles que no dañan el medio ambiente con fuentes renovables. Esta empresa acordó con una fábrica de chocolates producir el biocombustible con
chocolate de segunda selección.
"Tombuctú es una ciudad que es comida por el desierto. Ese es el primer frente del cambio climático", dijo Pag. "Si logramos llegar hasta allí con biodiesel, entonces no hay motivo por el cual las personas no viajen al colegio o el trabajo con él".
En caso de que los dos aventureros sientan hambre, no pueden echar
mano del contenido del tanque, ya que el diesel a base de chocolate
no sólo no huele ni tiene el gusto de la golosina, sino que es muy peligroso: para fabricarlo se mezcla manteca de cacao con metanol y
soda cáustica.