Una vez enterradas, los coleópteros de la especie 'Thorectes lusitanicus' comienzan a comerse las bellotas y, en ocasiones, se refugian dentro de ellas durante todo el invierno. Este comportamiento, inédito en una especie de hábitos coprófagos, facilita la supervivencia y germinación de las semillas, así como su protección frente a predadores, como aves y roedores.
El trabajo se realizó en el Parque Natural de los Alcornocales. Sus autores, con el biólogo Jorge M. Lobo, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) al frente, atribuyen a estrategias de supervivencia este comportamiento inédito en una especie cuya dieta básica es más bien coprófaga - excrementos animales.
Las bellotas -sus preferidas son las de alcornoque- les dan energía para pasar el invierno, resistencia contra el frío y un mayor desarrollo ovárico que mejora su reproducción.
Esta 'delicatessen' para el escarabajo trae, además, efectos colaterales beneficiosos para la flora. A menudo deja el embrión de la bellota intacto, de modo que muchas semillas pueden generar nuevos brotes arbóreos.
"Aún necesitamos calcular qué porcentaje de las bellotas enterradas por escarabajos son capaces de generar nuevas plántulas, y conocer si la variación en la tasa de enterramiento y germinación depende de la composición vegetal y la presencia de vertebrados herbívoros", explica Lobo, coautor del trabajo junto con los investigadores Teodoro Marañón, Ignacio Pérez y José Ramón Verdú.
El género 'Thorectes' tiene catalogadas hasta ahora 43 especies de escarabajos. Una veintena se encuentra en territorio íbero-balear, casi todas endémicas. Son ápteros -sin alas- y de ahí su escasa capacidad de dispersión territorial y su vulnerabilidad.