El brote comenzó en enero pasado en una granja en Sangwon, cerca de Pyongyang, y se originó a través de llegada al país de un envío de animales vivos. Se trataba del primer brote de fiebre aftosa en Corea del Norte desde 1960.
“Tras la visita de la misión a las zonas infectadas y las discusiones con las autoridades norcoreanas, consideramos que existe un riesgo limitado de que se produzcan nuevos brotes. Sin embargo, Corea del Norte deberá permanecer alerta”, aseguró Joseph Domenech, jefe de los Servicios Veterinarios de la FAO.
“Las autoridades veterinarias, que habían requerido nuestra ayuda, fueron muy transparentes y cooperativas”, añadió Domenech.
Desde el inicio del brote, las autoridades han sacrificado cerca de 400 vacas infectadas y unos 2 600 cerdos, además de aplicar las medidas habituales para tratar de controlar la enfermedad
Para evitar futuros brotes de fiebre aftosa, la FAO está diseñando un proyecto para ayudar al país asiático a importar vacunas de alta calidad, desarrollar un plan de contingencia y mejorar la formación y las infraestructuras de los laboratorios. En particular, debería fortalecerse la identificación y el registro del ganado, el proceso de cuarentena, la vigilancia activa y pasiva en las rutas de transporte y la capacidad de diagnóstico.
La fiebre aftosa es muy contagiosa y en ocasiones es una enfermedad vírica mortal para vacas, ovejas, cabras y otros animales ungulados, causando ampollas en boca, nariz, morro y pezuñas. La enfermedad provoca graves pérdidas en la producción ganadera, aunque no supone una amenaza para la salud humana.
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