Finalmente llegó el día más esperado para Apple. Pasaron más de seis meses desde que Steve Jobs presentó el revolucionario iPhone, durante la conferencia Macworld celebrada en San Francisco. En el medio, se tejieron miles de hipótesis a su alrededor: que sus baterías fallaban, que el software era inestable, que la conexión a Internet a través de la red de AT&T no sería lo suficientemente rápida. Pero ahora serán los consumidores quienes, cuando el dispositivo se ponga a la venta a partir de las 18:00, tengan la última palabra.
La primera reacción hacia el iPhone fue admiración. Un dispositivo con apenas un botón, una pantalla táctil de 3.5” y la promesa de combinar un iPod, una PDA y un teléfono móvil deslumbró a los fanáticos de la tecnología. A esto hay que sumarle la promesa de una convergencia de servicios que permitirá a acceder a contenidos audiovisuales, mapas y guía comerciales, música, noticias, correo electrónico y mucho más con sólo navegar por su pantalla.
Sin embargo, las críticas no tardaron en llegar. El alto precio del dispositivo (500 dólares para la versión de 4GB y 600 para la de 8), la imposibilidad de extender la memoria mediante el uso de tarjetas SD, el hecho de que su navegador de Internet no soporte Java y Flash, fueron algunos de los defectos mencionados por los detractores.
Ahora el tiempo de las palabras ha cesado. A partir de las 18:00 hora de Estados Unidos, miles de consumidores ansiosos podrán conseguir su iPhone en 162 comercios. Se estima que sólo en los dos primeros días las ventas podrían llegar a las 200 mil unidades. Además, Apple espera vender 10 millones de aparatos en sólo un año. Y esto, aún cuando el iPhone recién tiene prevista su llegada a Europa y Asia para el año próximo. Ahora sólo queda esperar el juicio de los consumidores para saber si el esperado teléfono de Apple es el rotundo éxito que Steve Jobs espera, o si no fue más que una hábil operación marketinera.