Miles de incondicionales se reunieron en la puerta de la Casa de América, en el Paseo de Recoletos, bien temprano. Sabían que se les prohibiría pasar, pero lo lograron. Se hicieron pasar por periodistas y tomaron el micrófono: "¿Nos pueden dar más detalles del nuevo show? ¿Va a haber besos? ¿Cuándo empieza la venta de entradas?". Los artistas contestaron. "El nuevo show tendrá una pasarela gigante. Sí habrá besos. Y las entradas empezarán a venderse a partir del domingo".
Para saber todo de sus ídolos, se subieron hasta el techo de un coche. Así pudieron espiar a Alfonso cuando estaba en la habitación de su hotel. Algunos lograron colarse como si fueran huéspedes y otros corrieron detrás de la camioneta que llevó a la banda por la transitada calle de Recoletos hasta la conferencia de prensa.
Los RBD salieron de la sala de prensa acompañados por guardaespaldas que intentaban calmar a los desesperados. Toda precaución es poca. En São Paulo, en febrero del año pasado, ocurrió una tragedia: murieron tres jóvenes que habían ido a buscar el autógrafo del grupo y terminaron aplastados.
Maite, la morena de RBD, ve en todo ello algo positivo: "La energía que tienen los seguidores es una respuesta a lo que nosotros ofrecemos. Si no fuera así, no tendríamos motivos para subirnos al escenario".
La palabra RBD fue la octava más buscada en Google en 2006. El grupo ha vendido ocho millones de discos en todo el mundo. En España llevan 600.000 desde julio y el nuevo disco se ubicó esta semana directamente al número 2 en la lista de los más vendidos en ese país, siguiendo la estela de sus dos anteriores álbumes que han conseguido un éxito absoluto.
El tour –cuyas fechas de inicio aún no han sido anunciadas– también los llevará por varios países, incluidos algunos que no han visitado anteriormente, como Japón, Israel e Italia.