Este programa televisivo refleja la lucha entre Patito y Antonella. La primera de ellas es buena y modesta, con una belleza más interior que exterior, mientras que la otra es mala, perversa pero muy linda.
Según publica el diario “Perfil” en cualquiera de estas historias, el público defendería a una niña como Patito y desacreditaría a una como Antonella.
Pero esto no funciona como en el esquema del cuento clásico ni tan siquiera como en “Betty, la fea”, exitosa telenovela de la que Patito es una suerte de versión teen.
Aquí, como reza el estribillo de la canción que popularizaron la pérfida Antonella y sus secuaces, “mandan Las Divinas”. En este caso, un look mal elegido, unos dientes desparejos o un par de kilos de más pueden ser el pasaporte a las burlas, primero, y al aislamiento, después. Aquí se discrimina ya no sólo a las no tan “divinas”, sino también a una mujer que –como sucede con la madre de Patito en esta segunda temporada– engorda a raíz de un embarazo y desde entonces no deja de ser hostigada por las dueñas de la moral fashion.
Es así que se abre el debate sobre la discriminación que deviene un modelo de belleza puramente estético, donde los valores interiores de cada persona poca importancia tienen.
Las adolescentes enloquecen cuando escucha la canción de las divinas. Las tiene como sus ídolas e intentan imitarlas. De hecho, siendo Patito la principal protagonista de la historia, ésta no tiene tanta llegada ni repercusión en el público como si lo tiene Antonella, el estandarte de las “Divinas”.