Se trata de Osiris (su verdadero nombre es HD 209458b), situado en la constelación Pegaso, a 150 años luz.
Medir directamente el espectro de un planeta extrasolar es imposible con la tecnología actual: ése es el objetivo de proyectos tan ambiciosos como el Darwin (europeo) y el Terrestrial Planet Finder (estadounidense), que requieren poner junto a la órbita de Júpiter un telescopio compuesto (interferómetro) con un diámetro combinado de 50 metros.
Utilizando el telescopio espacial Spitzer para captar la luz en la región del infrarrojo, los astrónomos han medido el espectro de todo el sistema -la estrella y el planeta- durante toda la duración de la órbita. Después han comparado el espectro cuando el planeta estaba detrás de la estrella, y cuando estaba a los lados.
En la segunda situación se ven claramente dos franjas que no están en la primera: sólo pueden deberse al planeta y son, por tanto, el primer espectro de un planeta extrasolar (aunque eso sea imposible con la tecnología actual). Los resultados se presentan hoy en Nature.
Este avance podría conducir al descubrimiento de vida extraterrestre más allá del Sistema Solar, ya que los investigadores, al leer el espectro infrarrojo, hallaron pruebas provisionales en las que se aprecia la existencia de sustancias químicas compatibles con la vida.