El jubilado austríaco, de 73 años, confesó haber quemado el cadáver de uno de los siete hijos que tuvo con su propia hija, que murió al poco de nacer en una caldera.
El responsable de la seguridad pública de Baja Austria, Franz Prucher, ha asegurado este es uno de los casos más graves en la historia criminal austríaca.
Según la declaración del acusado, uno de sus hijos, que murió en 1996 poco después de nacer, fue quemado por él en una caldera de la casa, ha dicho ante la prensa Franz Polzer.
Tres de los hijos nacidos del incesto (de entre 10 y 15 años) fueron trasladados por Fritzl a la casa familiar e integrados como si fueran nietos y luego hijos adoptivos, mientras que los otros tres (de 5, 18 y 19 años) permanecieron toda su vida bajo tierra, hasta ser liberados hace pocos días.
La versión que Fritzl sostuvo ante su esposa y el resto de la familia fue que Elisabeth desapareció para adherirse a una secta en un lugar desconocido, donde habría tenido varios hijos, algunos de los cuales los dejó delante de la puerta de la casa de sus padres.
Josef Fritzl y su esposa Rosemarie, de 69 años, también tuvieron siete hijos en su matrimonio, incluyendo a Elisabeth, quien fue objeto de los abusos sexuales de su padre desde que tenía 11 años.
Los detalles dados a conocer hoy dibujan un escenario dantesco de la vida subterránea de la mujer, encerrada cuando tenía 18 años, que dio a luz en condiciones infrahumanas y sin atención médica alguna.
El sótano en el que vivían los niños y su mandre tenía apenas unos 60 metros cuadrados, con cuatro habitaciones de techos de apenas 1,7 metros de altura, en donde Fritzl instaló un baño, una ducha y también un televisor, lo que permitió a sus moradores cierto contacto con el mundo exterior.
La macabra historia salió a la luz cuando la mayor de los hijos encerrados, Kerstin, de 19 años, tuvo que ser hospitalizada por sufrir una grave enfermedad, que los médicos atribuyen a una degeneración genética típica de un incesto. Tras ser internada en un hospital local, Fritzl liberó a los otros dos hijos que todavía permanecían encerrados y le explicó a su mujer que Elisabeth, la hija desaparecida, había vuelto finalmente y que esos hijos eran producto de sus relaciones mantenidas en una secta. Según ha informado hoy el médico responsable del caso, Albert Reiter, la joven se encuentra en un estado "muy grave" en un coma inducido, y "sólo Dios sabe" si podrá sobrevivir.
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