La alfombra roja donostiarra tuvo en la edición de este año como principales estrellas a Viggo Mortensen, quien, con su perfecto castellano, fue el encargado de inaugurar el festival; Richard Gere, que despertó al euforia entre el público femenino; o Demi Moore, que, a pesar de que en un principio fue criticada por su actitud esquiva y distante, en la rueda de prensa cautivó con su simpatía a los asistentes.
La protagonista de Ghost -cuya última película, Un plan brillante, fue la proyección que puso fin a esta edición del festival- se convirtió anoche el centro de todas las miradas. Con un vestido corto blanco con escotado, elevadísimos tacos y la melena suelta, se subió ayer al escenario del auditorio Kursaal de San Sebastián junto a su compañero de reparto, el actor Lambert Wilson, y director de su última película, Michael Radford. El actor Samuel L. Jackson también puso el 'toque hollywoodiense' a la velada.
Si Demi Moore eclipsó por su belleza, el director hongkonés Wayne Wang lo hizo por enaltecerse con la Concha de Oro a la mejor película por la intimista Mil años de Oración. Wang recibió el trofeo de manos del escritor estadounidense Paul Auster, presidente del jurado, con quien se fundió en un gran abrazo. "No todas las grandes historias tienen que tener a Brad Pitt o Angelina Jolie para gustar", bromeó Wang. El premio al mejor director fue para el británico Nick Broomfield por su película Battle for Haditha.
Una de las grandes sorpresas del certamen la protagonizó la actriz Blanca Portillo, famosa por su papel en la serie Siete Vidas, quien se hizo acreedora de la Concha de Plata a la mejor actriz por su interpretación en Siete mesas de billar francés, dirigida por Gracia Querejeta.
Portillo no pudo acudir a la gala por sus compromisos teatrales, pero envió un mensaje que leyó Querejeta: "Es uno de los días más felices de mi vida. Siento no estar ahí pero el escenario me lo impide". El premio especial del jurado recayó sobre la joven directora iraní Hana Makhmalbaf por su película Buda explotó por vergüenza, en la que denuncia la mala influencia sobre los niños afganos del entorno bélico en el que viven.