Esta visita del matrimonio Sarkozy – Bruni podría brindarles a los dos la oportunidad de recuperar el favor popular, algo que el matrimonio presidencial no quiere ni de lejos dejar pasar después del espaldarazo de sus conciudadanos en las elecciones municipales.
Carla es consciente de la enorme responsabilidad con la que carga. Sabe que Francia espera de ella que actúe como la esposa de un verdadero mandatario en toda regla.
Su misión pasa por ganarse el favor real como Primera Dama. Para ello Carla Bruni deberá hacer olvidar a sus anfitriones, la reina Isabel y el Duque de Edimburgo, su lado más rebelde: su agitada y tormentosa vida sentimental (tuvo varios amores, entre ellos Mick Jagger), sus polémicas y controvertidas declaraciones (se confesó partidaria de la infidelidad y una “comedora de hombres”) y sus desatinos en general, como posar desnuda en la última edición de la revista de GQ.
Por el contrario, Bruni está mucho más acostumbrada que su marido, el Presidente, a moverse entre ricos y aristócratas. Su natural sofisticación encaja bien en el banquete de gala que se celebrará en el Castillo de Windsor, y mientras el mandatario Sarkozy lucha por articular unas pocas palabras en inglés, ella habla italiano, francés e inglés y puede hablar acerca de arte y arquitectura, música, literatura y poesía.
La pareja se alojará una sóla noche en el castillo de Windsor, el mismo en el que se hospedaron en 2004 el entonces mandatario Jacques Chirac, y su esposa, Bernadette. El mismo también en el que compartirán mesa con la reina Isabel y el príncipe Felipe durante la cena de gala ofrecida en su honor, a la que asistirán alrededor de 170 invitados, entre ellos, el Príncipe de Gales, el Primer Ministro, así también como representantes del cuerpo diplomático, el Ejército, la Iglesia y la sociedad civil.