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En el año 1999, tres cárceles de Queensland pusieron máquinas expendedoras de profilácticos, pero luego se descubrió que los presos usaban los preservativos de sabores para darle un poco de dulzura extra a su leche.
La experiencia se repite nueve años después, las autoridades australianas entregarán preservativos a 900 hombres y 150 mujeres para repetir el estudio de la National Health and Medical Research Council.
Queensland es el único estado del país en el que los prisioneros no tienen acceso a preservativos, pese a que suponen un "grupo de alto riesgo" dentro de las enfermedades de transmisión sexual, según confiesan los responsables del estudio a los medios australianos.
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