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El estudiante universitario de 21 años, uno de cientos de musulmanes detenidos en el frenético operativo tras los atentados, de inmediato fue llevado a Nueva York para declarar como testigo material ante un jurado investigador.
Eso inició un tormento de cinco años que terminó el mes pasado con la absolución de Awadalla de cargos de perjurio. Nunca se le acusó de participar en actos terroristas, pero sí de mentir sobre cuán bien conocía a uno de los secuestradores.
A pesar de su terrible experiencia, mira hacia el futuro y piensa solicitar la ciudadanía estadounidense. Se graduó con honores la primavera pasada de la Universidad de San Diego, busca trabajo como técnico en computación y está estudiando para presentar exámenes de admisión para cursar un posgrado.
Como musulmán practicante, amablemente declinó estrechar la mano de una reportera. Comenzó con preguntas abruptas sobre por qué estaba siendo entrevistado, pero pronto se sintió más cómodo al hablar.
"Cuido mis palabras, y con quién hablo estos días", expresó. "El efecto real es confiar en las personas".
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