Muchas veces se dijo que Argentina es un país parado sobre petróleo. Para un grupo de vecinos de Comodoro Rivadavia, ciudad petrolera por excelencia, este concepto les cabe a la perfección: del piso de sus casas brota oro negro. Aunque, vaya paradoja, a ninguno de ellos los pone contento el viscoso hallazgo.
Hace siete años se realizó un loteo en la zona de Restinga. Allí, al norte de la ciudad, a unos 20 minutos del centro. En ese mismo lugar había gigantescos piletones con diferentes residuos de hidrocarburos. Estos se taparon y encima se levantaron casas, financiadas con dinero del Instituto Provincial de Vivienda (IPV) de Chubut.
En una de ellas vive Silvia Lara, 34 años y madre soltera. “Sale petróleo por todos lados, en el frente y el fondo de la casa. También adentro. Es una situación terrible, no sabemos sobre qué estamos parados”, describió la mujer en diálogo telefónico.
Su hermana, Graciela, es otra de las damnificadas. Vecina contigua, tuvo que cambiar el piso de uno de los dormitorios, porque el petróleo lo había destrozado prácticamente por completo. Estas son viviendas en una planta, de dos piezas, cocina y baño, que ocupan una cuadra de la calle Marasso en dicha zona alejada de la ciudad, en la que hubo durante el siglo pasado innumerable extracción.
Las casas “se erigieron en lotes recuperados, entregados por el municipio, sobre lo que habrían sido piletas de petróleo que, evidentemente, no fueron adecuadamente cubiertas para edificar sobre ellas”, puntualizó oportunamente el diario local Crónica, en un artículo sobre este tema. “Ya no sabemos a quién reclamar -se explayó Silvia-. La única solución que nos dieron del gobierno municipal fue hacer un pozo una vez por año para sacar el petróleo”.
Pesadas gotas
El problema para esta mujer es doble: no solamente le aflora el petróleo, sino que también le llueve. Del otro lado de la callecita Marasso, justo enfrente de su vivienda, hay un pozo de extracción que explota la empresa CRI Holding.
“Está a menos de 15 metros de mi casa, que ya se parece a un perro dalmata, porque está toda manchada de negro”, ilustró la mujer, claramente indignada.
“Lo que también preocupa son las gotas de petróleo que han caído sobre los chicos, ensuciándoles las ropas o sobre nosotros mismos, y de eso nadie se hace cargo”, señaló otra vecina al diario Crónica de Comodoro Rivadavia.
La empresa, que se instaló luego del loteo, habría mostrado buena predisposición, ya que pintó las fachadas de las casas, pero rápidamente se volvieron a manchar. Ahora son blanquinegras o aurinegras.
Un periodista local también constató que el trabajo de extracción, el cual incluye pesados caños, derrames, cables de alto voltaje y equipos de diverso tamaño, no tiene un cerco perimetral de seguridad. En este barrio viven muchos chicos.
“No sabemos si un día volamos con toda nuestra familia adentro, por el petróleo que tenemos dentro de las casas o por alguna concentración de gases”, comentó otra vecina a Crónica.
En Comodoro Rivadavia, donde se descubrió por primera vez el petróleo en Argentina, el 13 de diciembre de 1907, se estima que esta situación podría repetirse: en la mencionada zona norte hay muchos pozos sellados o directamente piletones de desechos. En los alrededores, o encima de ellos, hay barrios.
Aunque poco inquieta a Silvia, el alza de los precios internacionales del petróleo repercutió directamente en esta ciudad, que en los últimos cinco años evidenció un notorio crecimiento, al igual que toda la Patagonia. En dicha región del país el consumo per cápita es de 9.700 pesos y en Comodoro construir sale casi tan caro como en el porteño Puerto Madero.
Silvia y sus vecinos no reclaman tanto lujo, se conforman con una casa donde no salga petróleo del piso y que no esté expuesta a esa lluvia negra, del preciado y agotable hidrocarburo.
Foto: Diario Crónica de Comodoro Rivadavia y Comodoro.gov.ar
Fuente: www.diariohoy.net